Gallarta 1895 - Madrid 1989
Un mito llamado "Pasionaria"
Pepe Gutiérrez-Álvarez
Publicado en Historia y Vida nº
262. Actualizado.
Hija y esposa de mineros, maestra frustrada por la pobreza, militante comunista
de base hasta los años treinta, Dolores Ibarruri, más conocida
como "La Pasionaria" -"Pasionaria" a secas para la derecha-, se convirtió
durante la guerra civil española en uno de los grandes mitos femeninos
del siglo, hasta el extremo de que su seudónimo ha llegado a ser ampliamente
utilizado por la prensa internacional para subrayar el carácter activista
y revolucionario de mujeres como Jane Fonda, Bernardette Devlin, Anna Walentovyck
o Joan Báez (1). El hecho de que a los noventa y pico años
Dolores Ibarruri fuera uno de los escasos grandes nombres de la época
de la República que seguían en pie, demuestra no solamente
una notable longevidad sino también que el mito ha sido casi incombustible
a la prueba del tiempo, durante el cual ha conocido una trágica derrota,
un prolongado y desgastador exilio, y sobre todo, la crisis general del movimiento
comunista abierta con el XX Congreso del PCUS que, en su momento, llegó
a poner en tela de juicio el llamado "culto a la personalidad", factor sin
el cual sería imposible comprender completamente el ascenso de Dolores
Ibarruri de "mujer de hierro" - militante conocida por sus obras - a "mujer
de mármol" (2), o sea en un personaje situado por encima de la historia
sobre el cual no tiene cabida una posición crítica.
Familia católica y carlista
En otras condiciones históricas y sociales, con una clase obrera sometida
o domesticada, la trayectoria de una mujer de la entidad de Dolores Ibarruri
no hubiera quizá trascendido el marco familiar o local dentro del
cual posiblemente alguien hubiera vislumbrado una notable personalidad detrás
de una ama de casa cargada de hijos. Pero Dolores Ibarruri nació y
creció a la par de un movimiento obrero que tuvo en la cuenca minera
de Gallarta, Bilbao, uno de los centros de agitación social más
activos de la Península. Concebida en una familia de tradiciones católicas
y carlistas, sus primeros recuerdos apuntan, sin embargo, directamente hacia
las luchas obreras:
"Los mineros llevaban en huelga en una ocasión varias semanas y los
patronos decidieron cortarla, enviando al Ejército. Trajeron un regimiento
y lo colocaron desde donde estaban las minas hasta el final del pueblo, con
la bayoneta calada. Cuando abrieron las puertas de las casas de los mineros
por la mañana nos encontramos con ese terrible panorama. Fue emocionante,
yo era una niña, pero recuerdo que las mujeres, en lugar de reaccionar
contra los soldados, los llamaban hijos. 'Hijos -decían-, pero, no
comprendéis, no veis cómo vivimos. ¿Vosotros vais a
disparar contra nuestros hombres?" (3).
Dolores no aceptó el conformismo de sus mayores, que la educaban para
ser una como ellos, la mujer de un minero con muchos hijos. Estudió
entonces elementos de cultura general y durante un tiempo acarició
el sueño de ser maestra, un objetivo muy extendido entre las mujeres
inconformistas. Sin embargo, se vio obligada de momento a trabajar como bordadora
y -como sirvienta en casa de gente acomodada, y finalmente se casó
con un minero, Julián Ruiz, un hombre íntegro y honesto -Juan
Andrade, que lo conoció, lo presentaba como el prototipo de obrero
militante-, y muy metido en las luchas sociales. El cuadro del nuevo hogar
era "de una realidad cruda, descarnada, (que) me golpeó como a todas,
con sus manos implacables. Unos días breves, fugaces de ilusión
y después... Después la prosa fría, hiriente, inmisericorde
de la vida. De una vida triste, mezquina, dolorosa, deshumanizada, descendiendo
un poco más cada día en el pantano sin fondo ni límites
de la miseria" . Con estos recuerdos Dolores refleja en gran medida las condiciones
de vida de la mayoría de las esposas de los obreros de su época.
Un espíritu inquieto como el suyo, educado en una relación
muy directa con las rebeldías proletarias, no podía por menos
que pensar que: "... En el hogar, la mujer se despersonaliza... Cuando nació
mi primera hija, yo había vivido, en poco más de un año,
una experiencia tan amarga, que sólo el amor de mi pequeña
me sujetaba a la vida. y me aterraba, no sólo lo presente, odioso
o insoportable, sino el porvenir que adivinaba doloroso e inhumano". Madre
de seis criaturas, tres de un solo parto, sólo le sobrevivirán
dos hijos: Rubén, que morirá durante la II Guerra Mundial en
la defensa de Stalingrado, y Amaya, la única superviviente, que la
hará abuela y que se instalará en la URSS. En el mito de "La
Pasionaria" hay también una importante componente del sufrimiento
real de la clase obrera.
Se daban por lo tanto todas las condiciones para que Dolores Ibarruri se
montara en el carro de una clase ascendente que en 1917 mostró su
capacidad cuando en agosto la unión entre socialistas y anarcosindicalistas
dio lugar a la primera huelga general de la historia de España. Dolores
interviene en este hecho como una militante experimentada al frente de un
grupo de mineros. Meses después llegarían los ecos de la Revolución
de Octubre en Rusia, un acontecimiento que le pareció "tempestuoso,
estremecedor, como debieron ser los grandes cataclismos que dieron forma
al mundo". Militante socialista como su marido, Dolores estuvo desde el primer
momento con el sector "tercerista" que representaba Facundo Perezagua, uno
de los fundadores del PSOE y había precedido a Indalecio Prieto en
la dirección en el País Vasco, dándole un contenido
marcadamente clasista y antiburgués.
La escuela del partido
"... Para nosotros, la Revolución de Octubre era también el
camino de la revolución en España. Pero los socialistas, yo
creo que no lo veían tan claro (...). Es decir, se había producido
la primera revolución socialista, pero el movimiento socialista estaba
dirigido por jefes reformistas, y entonces, por ejemplo, en secciones como
la nuestra, como la sección de Somorrostro (...) se pasó a
la Tercera Internacional" (4).
Aunque había comenzado su vida militante en la izquierda del PSOE,
es evidente que la formación y la consagración militante de
Dolores Ibarruri tendrían lugar en el recién formado partido
comunista, y con el cual conocería muy vivamente la represión
y la cárcel, durante la Dictadura y también con la II República.
Este hecho adquiere especial significación en el caso de un trabajador
y sobre todo en una mujer destinada a ser todavía inferior a un trabajador,
y que encuentra en el partido los motivos de su emancipación de la
fosa social. El partido la saca de la servidumbre y de la oscuridad, la hace
sentirse importante para amplios sectores de la clase obrera, para la idea
y sobre todo para sí misma. La misión de este partido es nada
menos que la revolución socialista siguiendo el modelo inaugurado
en octubre de 1917, y en este gran desafío Dolores aprende la regla
de oro de todo militante comunista educado en la fe al partido, a saber:
la URSS está demostrando que es posible otra vida para los trabajadores
y los que la niegan con descalificaciones grotescas -la derecha- no son más
que sus adversarios naturales, en tanto que los que la critican -anarquistas,
trotskistas- sirven objetivamente la reacción.
Durante muchos años Dolores Ibarruri ha sido presentada por los historiadores
oficiales del PCE como una fundadora destacada y una "notable" desde los
primeros años de su formación (5). Nada más incierto.
Durante muchos años fue miembro del Comité Provincial de Bilbao
e incluso asistió como delegada al primer Congreso, pero de hecho
será una militante muy poco conocida hasta el final de la Dictadura,
durante la cual el PCE fue, junto con la CNT, el centro de atención
de la represión policial. Comenzó a ser conocida como oradora
y como colaboradora de la prensa comunista donde firmaba algunos artículos
como "La Pasionaria". Durante este tiempo no fue ni de los débiles
que regresaron al PSOE -rehuyendo por lo tanto a una dura confrontación
con el poder- ni de los fuertes que comenzaron a cuestionar la gradual adaptación
del partido a las normas derivadas de la rusificación del Komintern,
al que algunos disidentes comenzaron a llamar el Stalintern. Ambas exclusiones
abrieron paso para el ascenso al campo de la dirección de militantes
como Dolores, caracterizados por su obediencia e integrismo.
"Ya en 1932 la vemos dar la batalla, al lado de José Díaz,
a las concepciones sectarias y dogmáticas del grupo encabezado a la
sazón por Bullejos, que amenazaba convertir el Partido en una versión
proletaria de las sectas carbonarias..." (6).
Hasta aquí otra vez la historia oficial, la leyenda. Sin embargo la
realidad es muy otra. Dolores Ibarruri accede al Comité Central y
a la redacción de "Mundo Obrero" como compensación a su entrega
y fidelidad. Durante el período "sectario y dogmático", Dolores
escribirá y hablará con vehemencia a favor de la política
oficial y desconoce las tradiciones de debate crítico y abierto de
la historia del socialismo. Esta identificación es tal que cuando
el equipo Bullejos-Adame-Trilla es defenestrado, ella se ve obligada a efectuar
su primera y última retractación (7). Nunca más se verá
obligada a hacerlo, porque desde entonces estará fuera de toda sospecha.
La misma historia oficial atribuye al nuevo equipo animado por Díaz
y "La Pasionaria" un giro que prologa lo que luego será la política
del Frente Popular. Tampoco esto es cierto. El nuevo equipo rector sigue
traduciendo al castellano las premisas de la política del "tercer
período" de la Internacional Comunista (8). Se sigue caracterizando
al PSOE y a la CNT como enemigos de clase y a los trotskistas como aliados
objetivos del fascismo. El PCE trata en aquella época de crear sindicatos
minoritarios afines y opuestos a la CNT y la UGT, y trata de obligar a socialistas
y anarcosindicalistas a un frente único "por la base", o sea en contra
de sus "direcciones traidoras". Una demostración de todo esto lo encontramos
en que cuando realmente comienza a concretarse un frente único con
la Alianza Obrera, Dolores Ibarruri definirá a ésta como la
"Santa Alianza contrarrevolucionaria", y cuando entra en discusión
con ella plantea la expulsión de los trotskistas -o sea de los comunistas
discrepantes reunidos en torno a Nin y a Maurín- para firmar su adhesión.
Habitualmente las historias oficiales pasan muy rápidamente sobre
este período.
La creación de la leyenda
Será durante este período cuando comienza a forjarse la leyenda
de "La Pasionaria" entre los trabajadores. Con todos sus desafueros, la política
del "tercer período" estaba acompañada por un gran fervor militante,
y la represión fue muy dura contra ellos. Los períodos de encarcelamiento
de Dolores se sucedieron, y su imagen de mujer bravía y revolucionaria
cobró una fuerza inusitada cuando después de los acontecimientos
de 1934 comenzó a encabezar duras manifestaciones. Una fotografía
en la que aparece tirando de los barrotes de una prisión dio prácticamente
la vuelta al mundo. Cuando el VII Congreso del Komintern dio el gran viraje
hacia la reconciliación de clases, y cada PC tomó el rostro
de su máximo dirigente, nadie como Dolores Ibarruri poseía
en el PCE un poder carismático similar o parecido. Sólo en
Cataluña un nuevo cuadro dirigente, Joan Comorera, poseería
los elementos personales para ocupar dicho lugar, pero en 1936 era un recién
llegado.
Si Stalin era la prolongación de Marx y Lenin debidamente iconificados
y desactivados, cada líder nacional comunista era la prolongación
de Stalin. Dolores marchó a Moscú y regresó fascinada,
se le había recibido con todos los honores, era ya un monumento y
Stalin le pareció alguien fuera de lo común. Esta fascinación
se mantendría en los años ulteriores cuando, a pesar de todas
las revelaciones efectuadas por el "revisionismo" de Jruschev, ella se negó
a reconsiderar esta admiración, aunque la fórmula no fue ya
la de un dirigente infalible sino la de un hombre atento y preocupado por
el destino del pueblo español. Su prestigio de mujer de hierro se
afirmó primeramente en Asturias donde fue elegida diputado por la
cuenca minera, dándose tal empatía que alguna gente llegará
a creer que Dolores era asturiana. Ahora encarnaba al partido que tanto había
luchado, a los hombres y mujeres que habían dado su vida por la revolución,
a la Unión Soviética y a Stalin que eran "el faro de la humanidad".
La que había sido hasta entonces una mujer de instintos revolucionarios,
reflejo de una condición femenina que comenzaba a cambiar, se convirtió
en una pensadora cuyos planteamientos se convierten en ley. Desde ahora será
el centro de un dilema maniqueo, los que la defienden y exaltan la consagran
como uno de los más altos símbolos de la República en
armas, los que la atacan son los enemigos. Su vida privada ya no le pertenece;
Julián desaparece de la escena y sus relaciones con Francisco Antón
forman parte de los secretos del partido como si se tratara de algo vergonzoso.
Cuando Dolores Ibarruri escribe o habla, certifica sobre una política
oficial que aparece como la adaptación de la táctica comunista
a las exigencias de la defensa de la República cuyo carácter
"oligárquico" de ayer -1931- desaparece para representar una "nueva
democracia". Los grandes principios del bolchevismo que se habían
asimilado para extender la promesa socialista de octubre de 1917 -la entrega
militante, la eficacia organizativa, el ejército rojo, etcétera-,
se reorientan hacia un horizonte bastante similar al que había significado
el gobierno provisional ruso de febrero a octubre. Esto respondía,
de un lado, a las exigencias de la política exterior soviética,
y por otro, a los intereses de los restos de la burguesía y de la
pequeña burguesía republicana representada, indistintamente,
por socialistas de derecha, republicanos y nacionalistas vascos, catalanes
y gallegos.
Siempre que explica esta posición, Dolores Ibarruri recita una argumentación
conveniente a las formaciones aliadas, dentro de las cuales el PCE fue el
más consecuente. Insiste sobre todo, una y otra vez, en que la sublevación
militar-fascista no tuvo razón de ser porque ni se estaba desarrollando
ninguna revolución social ni el PCE (lo que es verdad) trataba de
impulsarla: "... nosotros (los comunistas) no nos hemos planteado el problema
de una revolución social, sino el desarrollo democrático de
nuestro país. Porque no habían madurado las condiciones para
una revolución social. Es decir, ni la burguesía, ni los terratenientes,
ni los grandes propietarios estaban tan descompuestos para plantearnos el
problema de una revolución social que liquidase a la burguesía,
que liquidase a los propietarios terratenientes, etcétera (...) no
había ningún peligro para la burguesía en nuestro país
en 1936. Ningún peligro. Lógicamente la clase obrera exigía
el mejoramiento de sus condiciones de vida; pero, desde el punto de vista
socialista, no había ningún peligro..." (9).
Paradójicamente esta reiterada afirmación contradice los supuestos
revolucionarios que con tanta seguridad y pasión se proclamaban en
1931, y lo hace cuando al período "reformista" de la República
le había sucedido otro revolucionario, con un contralevantamiento,
que la propia Ibarruri había caracterizado, en su momento, como el
comienzo clásico de una revolución social que más tarde
será camuflada, o presentada como lo hace también Dolores en
El único camino, con los estigmas de un caos. Su visión de
la Barcelona de 1936-1937 puede proponerse como el contrapunto de la que
ofrece George Orwell en su Homenaje a Cataluña.
El marxismo es omnipotente, y el marxismo está representado por el
partido. Una vez establecida esta medida, lo demás es sencillo. Los
que se acercan a é! como Azaña, Prieto, Negrín, Marcelino
Domingo o Companys, son tratados con benevolencia. Los que se oponen, como
pueden ser los casos de Largo Caballero, Durruti o Andreu Nin, no merecen
mucho respeto. Algunos de ellos, como Nin, son "monstruos" por sus ideas,
otros lo serán en un sentido todavía más amplio: "allí
-dice de Cataluña- no mandaba nadie más que las milicias de
la FAI dirigidas por el anarquista Escorza, que físicamente era una
ruina: jorobado y paralítico, sólo vivía en él
la llama de su odio a los hombres normales...". Las mismas concepciones se
reproducen en sus diferentes memorias y en las diversas historias oficiales
que, bajo su dirección, efectuaría el PCE sobre el propio partido
y sobre la guerra civil. Esta dimensión de "historiador oficial" se
extiende también a la historia de la revolución de Octubre
de 1917 (10).
No se trata, por más que se diga, de un mito de la revolución
(11), sino de un mito conservador, populista, que se apoya en categorías
intelectuales predemocráticas: la sangre, la tierra, la fe, la patria,
etcétera. Es un mito que mira hacia el 2 de mayo de 1808 y no hacia
la actualidad del socialismo. Naturalmente. los fascistas trataron de destruirlo
imputándole las barbaridades más descabelladas, con lo que,
indirectamente, contribuyeron a que su prestigio encendiera la imaginación
de una multitud de poetas, entre los cuales hay que destacar, quizás,
a Rafael Alberti, el chileno Vicente Huidroro y el francés Louis Aragón.
Durante este tiempo hasta las estrellas de Hollywood se sentían orgullosas
de retratarse con esta nueva Agustina de Aragón.
Un capítulo aparte es el de la cuestión femenina y hacia el
cual Dolores Ibarruri no mostró ninguna sensibilidad. Sin duda concibió
como natural que (en un conflicto en el que la guerra se oponía -contra
toda la tradición revolucionaria- a la revolución, y las normas
sociales dominantes en Occidente al socialismo y a las colectivizaciones)
la mujer jugara un papel secundario en la lucha antifascista sin plantearse
ningún horizonte emancipatorio. Esto queda claro en todas sus intervenciones
como cabeza visible de las Mujeres Antifascistas, en nombre de las cuales
abogó por una mujer activa en la retaguardia. No obstante, en ocasiones
muy contadas, Dolores no dudó en arremeter contra los hombres que
hablan "de democracia y alegan que la mujer está bien en casa", explicando
que "eso mismo dice Hitler; que en Alemania se dice que para la mujer: cocina,
hijos e Iglesia". Ella fue aceptada como una excepción, como una mujer
singular capaz de asumir tareas que se consideran propias de los hombres
(12).
Un mito en la resistencia
El largo exilio de Dolores se divide entre Francia -de donde se ha de marchar
en 1947 cuando el POE es prohibido- y la URSS. En 1937 había sustituido
a José Díaz en el pleno del CC y en 1942, tras la muerte de
éste y de derrotar a Jesús Hernández, será elegida
secretaria general, cargo que ocupa hasta 1960. Entre ambas fechas, Dolores
Ibarruri es, sin duda, el "hombre fuerte" del PCE. En 1943 es una de las
figuras del movimiento comunista internacional que estampa su firma en el
acta de defunción de la Internacional Comunista de la que se dice
que "había cumplido su misión histórica", aunque ésta
era nada menos que la revolución mundial. Su nombre se encuentra en
primer plano en cada uno de los capítulos de la historia del PCE:
guerrillas antifranquistas, posibles salidas al franquismo después
de la II Guerra Mundial, campaña contra el titismo, expulsión
y excomunión de Joan Comorera, crisis del estalinismo y surgimiento
del "revisionismo" jruscheviano... Cuando se plantean parcialmente los crímenes
y errores de Stalin, Dolores Ibárruri no es puesta en cuestión.
La nueva historia oficial toma distancia de la URSS y del Komintern y se
dice que el "culto a la personalidad" de Dolores fue algo espontáneo
entre el pueblo y recibido con mucha modestia. Sin embargo, parece claro
que su sustitución al frente de la secretaría general por parte
de su "delfín" Santiago Carrillo es una traducción española
del cambio de Stalin por Jruschev y así lo interpreta Fernando Claudín
(13).
Desde este momento Dolores aparece como la Presidenta del partido y en un
plano más decorativo, aunque esto no es obstáculo para que
tome posiciones contra Claudín y Semprún durante el debate
promovido por estos; abogando por la política oficial del partido
de acercamiento a los católicos -para lo que se apoya en sus raíces
católicas y su "mano tendida" durante la guerra civil hacia la iglesia
perseguida por los "sectores anarquistas"-; por la "reconciliación
nacional", etc. Como en cada uno de los momentos de la historia del PCE,
Dolores sabe adaptarse a los criterios dominantes del aparato del partido.
Así, cuando ha de optar entre la posición oficial soviética
con relación a un acontecimiento tan decisivo como el de la invasión
de Checoslovaquia y la del partido orientado ahora hacia el "eurocomunismo",
Dolores no durará en hacerlo por éste, y cuando en Moscú
se monta una escisión prosoviética, Dolores se niega secundarla.
Esto nos revela que a pesar de sus ligámenes con la URSS, mantiene
una mayor fidelidad hacia su partido.
Durante su estancia en la URSS se ha mantenido como una exiliada excepcional
que era recibida con las atribuciones de un jefe de Estado en sus diferentes
visitas a los países llamados socialistas, pero su enraizamiento soviético
no había anulado su afán de regresar a España. No sabemos
lo que le hubiera ocurrido a esta mujer de mármol si hubiera vuelto
como una militante prosoviética a la manera de Enrique Lister, justificando
el "socialismo real" en Checoslovaquia y Polonia, pero sin duda hubiera neutralizado
el sentimiento de aquellas muchedumbres que ocuparon la calle durante los
primeros momentos de la Transición coreando la consigna de: "¡Sí!
¡Sí! ¡Dolores a Madrid!".
El regreso de Dolores Ibárruri a la normalidad fue uno de los falsos
traumas de los comienzos de una "transición" que lo reformaba todo
para mantener lo esencial. y aunque Dolores había mostrado su voluntad
moderadora, la derecha seguía viendo en ella a la bolchevique con
el cuchillo en la boca de la leyenda. Los hechos se encargaron de demostrar
que la antigua vehemencia de los tiempos de la II República había
dejado lugar a una "pobre mujer", a una nueva versión del mito que
el cineasta José Luis García Sánchez autor de una interesante
película sobre ella, "Dolores", presentaba como sigue: "(Dolores)
es una persona absolutamente fascinante, y todo un símbolo. Un símbolo
mucho más que un mito en el sentido que ha perdido una guerra, se
le ha muerto unos hijos, ha luchado y ha perdido. Digamos que es una perdedora,
como tantísimas mujeres que hay en España. Es por esto que
no me parece un mito, y el problema no es que haya hecho algo especial, sino
que representa muchas cosas. Para mí Dolores Ibarruri es mi abuela,
es la Santa Teresa de Jesús, es la militante anónima de un
partido de izquierdas, es la madre de una familia de derechas" (14).
En esta adaptación, el símbolo se antepone al mito, y se desdibujan
los elementos que convergieron en el apogeo de éste: la fiera y voluntariosa
resistente contra el racismo, la voz de las Mujeres Antifascistas, la dirigente
de un partido vinculado con el Komintern y al servicio del sector antirrevolucionario
de la República, la encarnación de la ortodoxia hasta muy recientemente,
la defensora acrítica del "socialismo realmente existente", la implacable
juez de trotskistas, anarquistas, titístas, etc. (15) El símbolo
enfatiza el sufrimiento, la continuidad militante, la sencillez de una mujer
célebre que demuestra su normalidad, la Madre de Gorki que perdió
sus hijos y que adoptó a muchos militantes del partido...
Y ella ha sabido jugar este nuevo papel. Volvió a recobrar su acta
de diputado por Asturias, pero no fue a las Cortes para clamar por ninguna
subversión sino para desear buena suerte a Suárez. Como presidente
honorario de las Cortes por su antigüedad, demostró que lo podía
hacer tan bien como lo hubiera hecho cualquier político conservador.
Votó con entusiasmo la Constitución, y no quiso comprometerse
abiertamente con ninguna de las fracciones que se disputan los restos del
naufragio del partido eurocomunista en crisis. Por su historia podía
haber optado por Ignacio Gallego, aunque también podría haber
prolongado su viejo tandeo con Carrillo, pero se mantuvo como la Presidenta
del partido y al margen de las discrepancias. El mito o el símbolo
sería por ello aceptado por todos, incluso por adversarios políticos
de antaño que se sentaron en la amplia mesa en la que se festejaba
su noventa aniversario.
Pero este homenaje no podía ocultar los signos de una decadencia.
La Dolores Ibárruri homenajeada era la militante-madre-abuela de García
Sánchez, mientras que nadie quería recordar las concreciones
de su pasado político. Este se ha convertido en una especie de no
lugar, que se justifica pero que no se analiza. Quizá sea esta la
única manera para no cuestionarla.
Notas
(1) Lo cual, apuntamos, no deja de ser descabellado ya que ninguna de ellas
se aproxima a sus concepciones políticas, irrepetibles sobre todo
después del XX Congreso del PCUS. No obstante, su eco como mujer perseguida
sigue influyendo, como lo muestra el dato de que Joan Báez le dedicara
una de sus canciones en un recital ofrecido en la TVE al principio de la
Transición.
(2) Como habrán ya adivinado los lectores, empleo la terminología
de dos famosas películas de Andrzej Wajda:
El hombre de mármol
y
El hombre de hierro. Creo que Dolores Ibarruri reúne ambas
facetas, la de un mito burocrático y la de un símbolo de la
resistencia contra la opresión.
(3) Esta cita, como todas las que no se dice lo contrario, pertenece a su
conocido libro
El único camino (Ed. Bruguera, Barcelona. 1977).
(4) Cf., Jaime Camino.
Intimas conversaciones con La Pasionaria. Ed.
Dopesa. Barcelona. 1977, p. 69.
(5) Durante mucho años en las historias oficiales del PCE y en la
de algunos historiadores afines -como es el caso de Tuñón de
Lara-. Dolores Ibarruri aparece como una dirigente del partido desde su fundación.
Tuñón de Lara da por supuestas unas revelaciones personales
de Dolores según las cuales el primer PCE preparaba una insurrección
armada... Este hecho ha sido desmentido por dirigentes del PCE de entonces.
Precisamente algo semejante fue empleado por la policía para desarrollar
una vasta operación represiva contra el joven partido. Sobre la historia
del PCE se puede consultar las obras escritas por Joan Estruch (en dos partes,
la primera aparecida en Ed. Viejo Topo, Barcelona. 1977, y la segunda. en
Ed. Siglo XXI. Madrid. 1982), la de Pelai Pagés -que alcanza hasta
1930-, publicada por Ed. Hacer, así como la contribución de
Juan Andrade que se encuentra en Ed. Fontamara.
(6) Cf. Andrés Carabantes & Eusebio Cimorra,
Un mito llamado
Pasionaria (Ed. Planeta, Barcelona, 1982, p. 57). Esta biografía,
como la de Teresa Pámies,
Una española llamada Dolores Ibarruri
(Ed. Roca, México, 1975), es una contribución a la historia
oficial y se limita a ordenar los diversos escritos autobiográficos
de Dolores Ibárruri.
(7) Cf. Guy Hermet,
Los comunistas en España, Ed. Ruedo Ibérico,
Paris, 1972, p.55.
(8) Para un estudio sobre las relaciones PCE-Komintern ver, entre otros,
Fernando Claudín,
La crisis del movimiento comunista (Ed. Ruedo
Ibérico, París, 1969) o, Pierre Frank,
Histoire de I' Intenationale
Communiste (Ed. La Breche, París, 1979).
(9) Jaime Camino, ob. cit., pp. 74-83.
(10) Este es el caso de
El único camino, de su último
libro, Memorias (Planeta, 1984), y de las historias del PCE, de la guerra
y la revolución aparecidas en la editorial Ebro. En las versiones
más clásicas, el POUM, por ejemplo, aparece simplemente como
la "quinta columna", en tanto que en las versiones "revisionistas" el POUM
y la FAI aparecen como unos "izquierdistas" equivocados que contribuyeron
a la derrota. Aunque en diferente grado, esta responsabilidad se reparte
incluso entre los aliados, atribuyéndose a los republicanos moderados
la "traición" a la "revolución democrática" y a las
democracias europeas la "traición" al antifascismo. Finalmente, en
su
Historia de la Revolución de Octubre (Ed. Ebro, París,
1967), Dolores se atiene a la versión oficial soviética más
reciente que amplia el escamoteo de las actividades de los principales dirigentes
de la revolución (con la excepción de Sverdlov y Lenin. fallecidos
en 1922 y 1924 respectivamente) al mismísimo Stalin.
(11) Teresa Pámies, así como otros dirigentes "eurocomunistas"
no han dudado en establecer un parangón entre Dolores Ibarruri y Rosa
Luxemburgo. Para constatar lo abusivo del paralelismo el lector no tiene
más que conocer algunas de las biografías de la segunda.
(12) En diversas declaraciones Dolores Ibarruri había manifestado
qué no se consideraba feminista y sus reservas sobre cuestiones como
la libertad sexual y el aborto. Es quizá por que ninguna tendencia
del feminismo la ha adoptado como una de sus pioneras a pesar de su prestigio.
(13) Fernando Claudín,
Santiago Carrillo, Ed. Planeta, Barce1ona,
1984. p.113.
(14) Entrevista aparecida en la revista
Fotogramas. A pesar de sus
indiscutibles valores cinematográficos, la película ha tenido
una exhibición muy limitada por motivos en los que la política
no juega un papel secundario. También es cierto que el mito no arrastra
ya muchedumbres como antes.
(15) Cuando esta dimensión no ha podido ser escamoteada, como fue
cuando se reeditó sin modificaciones
El único camino
, Irene falcón; su alter ego, explicó públicamente que
Dolores ya no compartía los criterios del estalinismo y que éstos
eran secundarios en su vida.